Estar enamorados es un momento mágico, las mariposas en el estómago, la sensación de caminar entre nubes, la certeza de que nada nos puede detener y que no existen distancia alguna que no podamos recorrer por estar cuando menos unos minutos con nuestra pareja. Cuando las horas junto al ser amado se transforman en segundos y el día se va en un santiamén. Cuando el contacto visual regocija y el tacto agita gustoso nuestro ser entero. Cada momento en donde no podemos dejar de pensar y sonreír… cuando el cielo es de color vainilla y podrías jurar que sabe como tal, jajaja suena a algo parecido en tu vida?

El amor es ciego…

Los sentidos se activan de una manera unica es asi que se  olfatea,  se siente, se escucha y se saborea diferente.

Sentirse atraído por una persona no es cuestión de casualidad. Nuestros sentidos reaccionan ante sustancias secretadas por el cuerpo del otro. Las feromonas son las causantes de la atracción física, pues son hormonas producidas por las mujeres e inducen cambios en el comportamiento de los individuos que tienen contacto con ellas. Se perciben mediante el olfato y logran fijar nuestra atención en la otra persona. Este es el primer paso de una serie de reacciones químicas causantes de un maravilloso o tortuoso estado: el enamoramiento.

Enamorarnos es algo que nos puede ocurrir en cualquier momento. No sucede sólo porque la otra persona sea agradable, guapa o inteligente; implica un complicado estado físico.

 El cuerpo reacciona ante el amor de maneras sorprendentes, provocadas por una cascada de reacciones químicas. Sentimos que el corazón se nos sale del pecho, las manos nos sudan y nos convertimos en una olla de agua hirviendo.

Esto es porque los sentimientos del amor están relacionados con una intensa actividad cerebral, desencadenada, en primera medida, por el hipotálamo.

Al encontrar a la persona deseada, esta parte del cerebro envía mensajes a las glándulas suprarrenales, ordenándoles que aumenten la producción de adrenalina y noradrenalina; neurotransmisores que comunican a las células. Como consecuencia de esto, el corazón late más de prisa, la presión arterial aumenta, se liberan grasas y azúcares para mejorar la capacidad muscular y se generan más glóbulos rojos para que el oxígeno llegue más rápido a las células. Es entonces que nos sentimos atraídos por alguien.

El verdadero enamoramiento llega un poco después, cuando el cerebro se inunda de feniletilamina, que es otro neurotransmisor, de la familia de las anfetaminas y favorece la secreción de dopamina, norepinefrina y oxitocina. Estas sustancias dan lugar a los arrebatos sentimentales: se está enamorado y uno no siente cansancio o sueño, ve la vida a través de un cristal color de rosa con el que se idealiza a la otra persona.

El efecto de los neurotransmisores puede durar entre dos y tres años, pero al final la atracción bioquímica decae y la pareja debe decidir entre separarse o habituarse a otras manifestaciones del amor: afecto y compañerismo.

En esta segunda etapa del enamoramiento, más sosegada, el cerebro secreta endorfinas, neurotransmisores que confieren la sensación de seguridad y favorecen el apego.

El reto de los primeros años de la pareja será tender puentes que nos acerquen al otro y nos permitan superar la carencia de neurotansmisores. Si no lo logramos y nos separamos de nuestra pareja, sufriremos porque el cuerpo dejará de recibir su dosis diaria de narcóticos. Seguramente el tiempo ayudará a que sane nuestra herida y algún día, en el lugar menos pensado, nuestro olfato percibirá feromonas agradables y nos daremos cuenta, de nuevo, que el AMOR ES CIEGO.

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