El arte de reparar con la belleza

Por Verónica Pruneda

La palabra “Kintsugi”  o Kintsukuroi  nos habla de el arte de “reparar”  un objeto con oro, haciendo énfasis en sus fracturas…  Aplicado por artesanos que con esmero y una intención llena de profundo significado  utilizan polvos de oro, plata y platino con resinas  para mostrarnos  como lo fragmentado toma un sentido de valoración, así un objeto “roto” se torna en arte, lejos de ser desechado, se reinventa en una pieza llena de belleza. 

En el sentido de arte – objeto nos da la idea de recuperación, de ser “curadores” y nos abre puerta a otros cánones de la estética, un idea de la belleza que inevitablemente nos conecta con nuestra propia naturaleza.  

La técnica puede ser de 3 formas: en forma de “venas” pero también de fragmentos reemplazados o emplear otra pieza de características similares combinando las 2 piezas y unificándolas. 

Su historia data de la segunda mitad del siglo XV, según la leyenda el “shogun” ( título histórico concedido por el emperador a un comandante del ejercito ) mandó su tazón de te roto a China para que se lo repararan, sin embargo el resultado lo decepcionó, al ser enmendado con una grapas de metal, esto motivó a los artesanos nipones a buscar una forma de repararlo  exaltando la  belleza de la compostura.

El Kintsugi ha inspirado a corrientes filosóficas, ha sido un arte disruptivo que  ha logrado estándares estéticos de distinta naturaleza, inspirando hasta una forma de vida diferente. Así tenemos  el “Wabi Sabi”,  la filosofía japonesa donde la belleza esta en la imperfección. 

Las 3 claves del Waby- Sabi son ≤Nada dura, nada esta completo y nada es perfecto” Conecta con lo bello de las cosas no convencionales y hace referencia a conceptos más profundos sobre aceptar los ciclos naturales de la vida, llenos de impermanencia y fugacidad.

Aquí tenemos dos conceptos que se unen por medio de la ceremonia del te, tanto el Kintsugi como el Wabi-Sabi  conciben que la verdadera belleza no esta en lo perfecto, apuntan por una visión del mundo tal y como es. Contrario al pensamiento occidental en que se piensa que una pieza rota no se puede volver a unir, el Kintsugi nos habla de que es siempre para mejor, la pieza permanece y se fortalece, sus cicatrices la transforman en algo mas bello.

Los objetos son hechos de materiales naturales y vulnerables al paso del tiempo, al clima, al trato humano, y en lugar de ver las grietas, la corrosión, la decoloración o las formas desiguales como errores o fealdad, éstas se ven como la huella que la vida ha dejado en su camino y que proporciona alma y un carácter único.

El Kintsugi es arte, pero también filosofía, es naturaleza y hasta la psicología ha profundizado en el concepto. Es profundo y es simple. Los japoneses plantean que las roturas o los daños cuentan una historia particular, y esto lo hace único, especial, más fuerte y hermoso. Es el diálogo entre la totalidad y la fragmentación, la idea de que la auténtica belleza está compuesta por ambas, es decir aquello que se ha roto siempre puede ser más fuerte.

El ser humano al igual que estas piezas se cura  con lo que consideramos bello, nos rompemos y nos volvemos a unir, somos los mismos pero diferentes, creo que lo que nos amalgama esta lleno de profunda belleza, la música, el arte, la naturaleza, es este “oro” que nos vuelve a fundir y nos hace brillar diferente.

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