El lugar donde nace el cielo hace honor a su nombre. Quien lo visita por primera vez necesita tiempo para habituarse a tanta maravilla. La composición del terreno, roca caliza y suelos poco profundos, hablan de juventud (este tipo de superficies son las más “recientes” del planeta, en términos geológicos) y la cercanía con el mar combina fertilidad y abundancia. En esta zona la vida, y no sólo el cielo, está en constante ebullición y movimiento.

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Enmarcada por las inquietas aguas azules del Caribe Mexicano, Sian Ka’an es reserva ecológica desde 1986, año en el que por decreto oficial se estableció su condición protegida; incursionando como parte del patrimonio de la humanidad por nominación de la UNESCO al año siguiente. Uno de los pocos lugares en donde la palabra “paraíso” se justifica plenamente y se antoja explorar a cada paso.

Por su extensión (más de medio millón de hectáreas) Sian Ka’an es una de las mayores zonas protegidas de todo el país e indu- dablemente la más grande reserva en todo el Caribe mexicano, ya que ocupa una tercera parte de este litoral. La Reserva de la Biosfera Sian Ka’an es parte del Sistema Nacional de Areas Naturales Protegidas, que depende a su vez de la Comisión Nacional de Areas Naturales Protegidas.

Lugar de armonía y encuentro

La experiencia de llegar a Sian Ka’an no es un simple paseo en la playa: la naturaleza palpitante rodea como una anfitriona más al visitante, a veces con tanta densidad que podemos estar a pocos metros del mar sin darnos cuenta. Así, es imposible dejar de mirar y detener el asombro: plantas, animales y entorno compiten en belleza y exuberancia. A su lado, el hombre resulta sin duda un curioso intruso que, desde luego, se viste con bastante poca elegancia.

Los recorridos nos enseñan que la armonía entre el hombre y la naturaleza no son una utopía. Desde la época maya, los visitantes han dejado huella de su paso, como lo saben quienes, aficionados a la arqueología, han visitado alguno de los más de 20 sitios plenos de vestigios que la selva parece presentar en ofrenda, rodeados por un pródigo relicario natural. Se dice que esta zona fue sobre todo espacio de comercio y tránsito hace siglos, cuando los antiguos mayas ejercían su dominio en esta tierra antes de desvanecerse envueltos en leyenda. Sian Ka’an conserva las huellas de su paso como una maravilla más.

Hoy, el renovado interés por la conservación del planeta impulsa a los viajeros en busca de aventura; no es necesario decir que quienes admiran la naturaleza y le dan más importancia a una inolvidable puesta de sol que a las instalaciones de lujo, no se verán defraudados. En todo el mundo hay muy pocos lugares que ofrezcan el maravilloso espectáculo de un atardecer (o amanecer) entre la selva, la playa y el océano.

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Atrevete a disfrutar este gran lugar …Museo viviente!!!

La zona de Sian Ka’an es un frente de intercambio, una barrera natural, un pequeño planeta que concentra diferentes climas y permite estudiarlos con dete-nimiento. Por eso también su reconocimiento como “reserva de la biosfera”, que literalmente significa “guardián del planeta y la vida que contiene”.

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